Imagenes de RD

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Barahona

martes, 27 de octubre de 2009

CAPITULO I


Capitulo I

Mayo 20, 1926. En un pueblo pequeño del sur de un país del gran caribe, de las antillas mayores, ese que junto a otro tan diferente país, forma una isla nombrada La Hispaniola por colon, Quisqueya o Haitipor los aborígenes y luego divida en dos paises. Pero al pueblo llamémosle: ‘Tamayo’. Aunque en esa fecha su nombre era Hatico.

Ese sur agreste, mitad desierto, mitad fabula, que rozaba la vida tan suavemente como lo podía permitir un calor árido y una consciencia clara. En ese día nació un niño, primer hijo de una pareja de adultos que se conocieron en el parque del pueblo desde niños.

El, ya con su caballo fuerte y reluciente. El, con sus ínfulas de adulto especial porque sabía leer. Ella, con su mansedumbre indomable de mujer libre, con el dominio total del arte de guerrear desde las seguras trincheras del amor. En esta fecha nació Juan Bautista. Primer hijo, Varón. ….’Como tenia que ser, carajo……’.

Esa mañana junto al conuco, El Barbero, Levanto la vista y leyó señales en el cielo. En la mañana su nariz sangraba, ahora los plátanos del conuco se sentían pesados….. Hoy va a Nacer, y se llamara Juan Bautista, igual que yo. Se apresuro a recoger los plátanos y ensillar el caballo, 1926 no había sido un ano fácil, Después de su matrimonio, muy sonado en el pueblo, después de que su nueva barbería se había estrenado al lado del parque, frente a la Iglesia, en la misma calle principal que corría este a oeste, Entrada y Salida obligatoria de todos, después de que el Nuevo presidente de la Republica se asentaba en el palacio nacional y muy especialmente después de que había adquirido su radio AM que le permitía ya no tan solo leer las señales en el cielo, ni en las pisadas de un crió ni en periódico tardío que llegaba siempre con tres días de atraso. Ahora si que podía ser el que recibía las noticias primero, el que mas conocía del mundo que les rodeaba y que estaba tan lejos. Ahora sabia, que se estaba avecinando una guerra, ahora sabia que venia la gran guerra. Ahora podía sentarse juanto a Fabián, Mundito, Efraín, El catalán, Pedro el Bebo y Cometuercas a contarles, mientras recortaba el cabello de Fabián, como la nueva Alemania se preparaba para este siglo XX.

Así entre pensamientos variados llego a su casa.

‘Hola mi amor’, le dijo, mientras seguía rápido hacia el orinal que estaba fuera de la casa, no se había permitido nunca la licencia de pararse frente a cualquier árbol a dar el mal ejemplo……... orinar en el camino, siempre lo considero una mala educación, su vida estaba llena de esas pequeñas reglas que el había establecido, esas que nadie comprendía porque este hombre pequeño, de color, barbero en un pueblo hundido en el sur de la isla, mantenía erguida la frente, a lomos de su caballo al cual llamaba ‘Taimado’ como preámbulo a lo que serian sus muy largas noches de poemas y musas, a sus rítmicas poesías, llenas de lirismo de métrica, de ensayos, de luchas y de amores. Pero igual que ‘Taimado’ su vida seguiría adelante sin dudas, ni miedos, sin ningún temor, solo frente al nacimiento de un hijo sentía la ternura y Braudilia, su mujer le dio muchas razones para sentirla. Y esta iba a ser la primera.

Ahora detrás del la puerta esperaba la vieja. La madre de Braudilia, ejemplo vivo de la mujer de campo, huesuda, con la cara firme, sus ojos pequeños, dentro de sus cuencas grandes, ya el ropaje de los parpados le quedaba grande a sus ojos, pero ahí estaba, impidiéndole el paso a Papoy y al viejo triste que sentado en el banco del parque que mejor vista le daba a la casa, esperaba también. Papoy oye a Braudilia gemir, vio los baldes de agua caliente y las sabanas blancas, vio a los niños amontonados en el patio mirando de reojo lo que ocurría como en un sueno dulce de navidad, por fin ocurría algo nuevo en este pueblo, grito el adolescente mas cercano, pelo alto, manos ligeras, dedos largos. Fácilmente Papoy vio en este joven al que luego fuera pianista virtuoso, y guerrillero impetuoso, muerto en las trincheras del sur, en los campos de nada. Porque asi se alimentaba el pueblo de la nada, cuando este pianista tomo el fusil y se fue.

La vieja Pepe se acomodo al pie de la cama y espero, sabia que el dia seria largo y la noche también, estaba acostumbrada a esos casos, hijos, nietos, amigos, muchos en el pueblo habían visto su primer rayo de luz cayendo en las manos fuertes de la vieja Pepe. Ella y su esposo, habían engendrado medio pueblo, alimentado a la otra mitad en las noches de fiestas patrias y carnaval. No sabia leer, pero podía entender las señales que el mundo le enviaba, miraba a los ojos y descubría la mentira, podía saber cuando una jovencita estaba embarazada a escondida, como la hija del farmacéutico Efraín, la muy tonta se dejo embarazar de mundito, ese muchacho grande que paseaba por las calles llenas de polvo y que un día, detrás de la casa curial, después de haber ido al confesionario, le dijo. Maria, aprovechemos ahora que te acabas de confesar. Así para cuando vuelvas a confesarte se te habrá olvidado lo que paso, ven y hablemos. Así paso.

Pero fueron muchas las veces que fue a confesarse sin decir algo que recordaba. Hasta que la vieja Pepe, le dijo. Maria, tienes ojos de preñada.

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